Me mudé a

ME MUDÉ A
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sábado, 26 de noviembre de 2016

Que no termine la crisis de llanto feliz

Cuando me fui muchos decían que no iba a durar más dos días lejos de mamá y los abuelos, que era muy apegada, que no sabía cocinar, que iba a morir de hambre. Pero también muchos me desearon lo mejor y me dijeron que a cocinar se aprende, como a todo, todo se aprende, así es la vida. Uno se va haciendo a medida que transita el camino.
Entonces... Comenzó la vida nueva en otra ciudad, en una Universidad, viviendo con otra gente, disfrutando y conociendo otro mundo, innovando. 
¿Que si lloré? Mil lágrimas. Me desesperé días y noches, entré en pánico, quise dejar todo, quise volver, me sentí inútil por no saber prender una hornalla con encendedor, mucho menos un horno, me sentí perdida, me sentí sola. Pero me sentí, yo conmigo misma, fue una batalla contra todas mis comodidades y mis inutilidades, pero realmente me sentí yo, me sentí libre, me sentí que por primera vez en mi vida podía hacerme valer y aprender a auto-exigirme, a aguantarme, a mantenerme y a prender el horno.
No me volví, aunque me haya quemado los dedos mil veces hasta que aprendí que el encendedor no se agarraba de la manera que yo lo hacía, también aprendí a desarmar una cocina y limpiarla, aprendí a sentarme a estudiar aunque quiera salir a disfrutar los días lindos, a cumplir horarios sin los retos de mamá, a saber lo que cuesta llegar a fin de mes comiendo fideos o asado. 
Comprendí lo caras que salen las zapatillas, ¿y los jeans? ni te digo. Que con $100 no comprás más que un paquete de fideos y un queso rallado... ¡Ah! Aprendí a no ponerle tanto queso rallado a los fideos, dato importante. Logré cocinar desde arroz hasta canelones, pastel de papas, o pizzas caseras, y bizcochuelo de banana. Conocí una parte de mi que antes por comodidad no conocía, y entre todo esto, lloraba, desesperaba, quería volver. 
Encontré gente con buenas vibras, me hice amigos, me puse de novia, realmente me crucé con personas sin maldad, que me ayudaron a prender el horno y hasta me vieron llorar, otra vez, desesperada, con ganas de volver. 
Entré en crisis en época de parciales, me dio bronca tener que trabajar y estudiar, me dio bronca no poder estar al pedo, me ataqué por no poder dormir ocho horas seguidas, pasé días durmiendo poco y me dormí las mejores siestas de relax.
Pero después de todo, no fue tan jodido teniendo en cuenta que desespero seguido, que a veces lloro porque sí, porque ya no sé de qué llorar, porque hay tantos motivos que se mezclan y el llanto es inevitable: que extraño a mi primo, que no veo a mis hermanos, que necesito dormir, que necesito aprobar, que quiero tomar mates con mis amigas, que me enojé al pedo con mi novio, que vi una película trágica, que me duele la cabeza, que me siento sola, que estoy estresada, que soy la persona más feliz del mundo, que amo a mi novio, que esto, que aquello.
Con los pro y los contra, logré sobrevivir a todo este revuelto de emociones y novedades. Sobreviví a gente de mierda, a injusticias, a parciales, al trabajo, a mi entorno. Sobreviví a mi misma. Estoy viva, tengo vida, estoy realmente llena de vida y con ganas de seguir porque alguien prometió estar ahí para tirarme harina y huevos cuando me reciba, porque me enorgullece ver las caras de mis abuelos cuando los visito, porque me pone feliz ver a mi familia apoyándome, y porque soy apasionada de lo que estudio, de lo que hago, de lo que trabajo y de lo que vivo día a día. Y porque quiero saber por qué será la próxima crisis.

A periodista

- Yosi no está aquí.
- ¿Cómo sabe que la busco?
- Porque usted es periodista.
- ¿Y cómo sabe eso también?
- Por el olor.
- ¿Qué olor?
- A periodista - dijo sonriendo y agregó - Déjenla en paz, bastante ha sufrido.

No me dejes en domingo
María Saint Jean

martes, 22 de noviembre de 2016

Cuando los heterosexuales seamos los marginados

Cuando era niño todo el mundo me decía que era diferente, es que en realidad lo era. A diferencia de todos mis amigos y amigas, yo tengo un padre y una madre, los demás tienen dos madres o dos padres, entonces, yo soy el raro.
Siempre escuché cuchichear a mis profesores sobre que yo no era normal, incluso, citaban a mis padres y al llegar, los miraban raro. Para mi siempre fue normal tener mamá y papá, para los demás, no. Decían que yo iba a salir igual de hétero que ellos, y a esos comentarios les seguían más caras de disgusto.
Ahora ya soy adulto y puedo contar un poco mi historia, nací en el 2260, como ya dije, tengo una madre y un padre que siempre me trataron con normalidad e intentaron que disfrute igual que todos los demás.
De chico sabía que me tenían que gustar los varones, entonces, de adolescente, tuve un par de novios, pero todas esas relaciones terminaron muy mal, siempre algún defecto les encontraba. Hasta que me enamoré de ella.
Lucía era una piba muy copada, se notaba que iba en contra de todo lo que imponía la sociedad, se notaba también que tal vez yo le interesaba, o eso pensaba yo. Nunca me había llegado el rumor de que Lucía esté con una mujer o algo por el estilo, entonces supuse que, a pesar de que ella tenía dos padres, era como yo, ella era hétero. La diferencia entre Lucía y yo era que a ella le daba lo mismo lo que comentaban los demás, en cambio, a mi me daba un poco de miedo que, tras que me rompían las bolas con mis viejos, también me jodan por mi condición. Y bueno, uno no elije de quién enamorarse.
Entonces empecé a frecuentar los mismos lugares que ella, iba a los mismos boliches aunque a mi no me gustaba salir. Hasta que un día me decidí a hablarle, después de tantos cruces de miradas y sonrisas, si, le hablé.
- ¿Qué onda Lu? ¿Todo bien? – Le pregunte con amabilidad mientras le acercaba un trago.
- Si, bien. ¿Vos? ¿Te conozco? – Contestó y me tiró al suelo todas las esperanzas que tenía. ¡Yo creí que me conocía! ¿Por qué sonreía tanto entonces cuando volteaba para verme?
Seguimos hablando un rato largo, le dije que seguro no me conocía pero que no iba con malas intenciones, solo quería una amiga, y no sé que otras sartas de boludeces le dije para no quedar más fracasado de lo que ya había quedado. Al final, organizamos para ir al parque algún día, y ese día llegó. 
Nos encontramos en Parque Saavedra a eso de las cinco de la tarde, la idea era tomar algo y charlar. Nos gustaba la misma música y leíamos los mismos libros, ¡había tanta conexión! 
Luego de un tiempo de juntarnos, ir al cine, salir a cenar, y millones de planes que hacíamos. Me animé a decirle lo que sentía. Yo, hombre, le estaba declarando mi amor a una mujer. ¿Qué dirían sus padres si se enteraran? El raro que tenía mamá y papá ahora se enamoraba de Lucía, la mina por la que las demás se volvían locas. Le dije que me gustaba, más que como una amiga, y que sabía que estaba mal, que no era normal, pero que suponía que ella sentía más o menos lo mismo. 
- Te entiendo, pero estás re confundido, chabón. No quiero que mis viejos me internen en un loquero por tu culpa. Ya me dicen que sos un sapo de otro pozo, imagínate si les caigo de la mano con vos ¡Se mueren! – Me dijo, totalmente convencida de que lo que había hecho estaba mal. Debía sacármela de la cabeza.
Desde ese día no la volví a ver. En realidad si, pero no como la veía antes. Solo la cruzaba y ya no sonreía, ni siquiera me saludaba a la pasada. Realmente me rechazaba por completo. Me maldecía de ser tan tarado. Al fin alguien me daba la oportunidad de no sentirme tan raro, al fin saludaban a mis padres sin hacer caras raras, y yo flashé enamoramiento ¡Con una mina! Sabiendo que eso me iba a costar muchas más miradas de asco.
Años después cuando casi se me olvidaba la figura de Lucía, ya ni me interesaba pensar en ella, andaría por ahí con alguna otra mujer y sus padres orgullosos de que sea otra persona normal del montón. Yo decidí dejar de ser la oveja negra de todos lados a donde vaya y me casé con un hombre que conocí en un bar. Una relación linda, llevable, me gustaba convivir con él.
Y un día la volví a cruzar. Entre un montón de miradas raras y gestos de asco, me recordó cuando era chico y caminaba de la mano con mamá y papá. Ahí estaba, Lucía, embarazada y ¡De un hombre! Creo que notó mi cara de asombro al verla, y se acercó hacia mi. 
- ¿No era que…? – Le dije y me interrumpió de golpe.
- Si, era. Pero ahora ya no. ¡Si vos sabías que yo era diferente! Pasa que bueno, éramos chicos, no quería lidiar con todo ese problema. Crecí y me di cuenta que no podía negarme, y revolucioné a todo el mundo, desde mi familia hasta mis profesores en la universidad. 
Me quedé enmudecido. Se me cruzaron mil cosas por la cabeza. Entonces, la abracé, admiré su valor de no esconderse ante los demás, de saber muy bien lo que quería. Y me fui. 
Yo seguí siendo el mismo, casado, ya con hijos y todo el mundo contento de que yo no era tan anormal como mis viejos. Lucía vaya a saber qué fue de su vida, solo sé que causó en las demás personas un aire de liberación, y que desde que ella se reveló en el pueblo, ahora varios han tomado la misma postura y se hacen ver.

Cuento futurista
de Priscila Umpierre
en Revista "Capaces"
para Comprensión y Producción de Textos 1

martes, 15 de noviembre de 2016

A la hora de la cena

Esa noche llegué a casa con la idea de cenar e inmediatamente irme a dormir. Había tenido un día cansador en el trabajo y no quería desesperar del dolor de cabeza.
Cuando por fin llegué, el silencio me invadía aún peor que los gritos en la oficina. La casa parecía vacía. Los niños no se escuchaban y en la mesa no estaba la comida de todas las noches.
¿Dónde está mi esposa? Me preguntaba mientras recorría toda la casa en busca de un culpable.
No la encontré, así que, con furia, solo me recosté en la cama matrimonial y me dormí, sin más.

Por: Priscila Umpierre
En: Revista Capaces
Sección: Microrrelatos
Comprensión y Producción de Textos I

martes, 8 de noviembre de 2016

Sigamos bailando, no me sueltes nunca por favor



Yo me pregunto,
¿cómo las personas se enamoran de una manera tan mística?
Y quizá sea por solo tocar sus manos
Cada día me enamoro más de ti

- ¡Amo esta canción! Vení, abrazame. - le dije. Se acercó a mi como si se me fuera a acostar encima, pero para mi sorpresa me agarró la mano, me levanté, y con sus brazos en mi cintura y los míos en su cuello nos quedamos girando, besándonos y sonriendo. Algo tan simple como el cuadrado de una pieza se convirtió en un salón de baile donde fuimos los protagonistas de uno de los tantos momentos felices. 

viernes, 4 de noviembre de 2016

Existe

Yo creía que eso del amor era un verso, que no existía, que, en realidad, era calentura u obsesión. Pero ahora, después de verlos a vos y a él, sobre todo a él, me doy cuenta de que sí existe, de que es verdad que existe algo que hace que la gente esté dispuesta a hacer cualquier cosa por el que ama.

Nacida bajo el signo del toro
Florencia Bonelli

jueves, 3 de noviembre de 2016

Cerrá el bolso de maquilaje, mejor abrí la cabeza

Mentes huecas, con nada más que aire, que prefieren las revistas de modas antes que buenos libros. Se acomodan el pelo todo el tiempo, se maquillan, que el rimmel, que el delineador, que el labial y la base que ni siquiera queda acorde al tono de piel. La ropa, dos horas buscando qué ponerse para finalmente vestirse con lo mismo de siempre ¿Son pelotudas? la respuesta es "si, obvio que si". Y esos zapatos ¿Realmente se puede caminar con esas plataformas enormes, super altas y horribles que pesan diez kilos? Prefieren estar incómodas pero "lindas" antes que estar bien y que no les duelan los pies, ni que parezcan un mapache con tanto color negro en los ojos.
Si supieran que mujer linda es la que sonríe, aquella que está llena de vida, que piensa. Mujer linda es la inteligente, la que lee, se informa, y después habla. La que habla más que para recomendarte un esmalte de uñas, es la que lucha, la que vive, la que quiere cambiar un poquito el mundo. No importa si está despeinada o la ropa no le combina, da igual si tiene taco aguja o unas Converse desgastadas. 
Detrás de lo que vemos a simple vista, siempre hay algo más, un poquito más adentro, que puede llegar a atraer, o no. Las mentes huecas no atraen a ningún ser humano, hay que dejar que nos llenen la cabeza de conocimientos, mejor es una cabeza llena de sabiduría y no una vacía, o peor, una llena de estupidez. 

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Tanto de todo


El amor es la libertad de volar acompañado, es dejar ser, sin poseer. Es sentir el complemento con un otro, sin ser necesidad. Es compartir la felicidad tanto como la tristeza. Es tener un par de brazos para sostenerse fuerte en todo momento. El amor no es nada más que eso, tanto de todo a la vez. Es disfrutar de cerca y extrañar de lejos. Pelear, arrepentirse, pedir perdón y volver a empezar. Es tener la certeza de que esa otra persona será la que veas al abrir los ojos absolutamente todas las mañanas de tu vida.