Me mudé a

ME MUDÉ A
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martes, 22 de noviembre de 2016

Cuando los heterosexuales seamos los marginados

Cuando era niño todo el mundo me decía que era diferente, es que en realidad lo era. A diferencia de todos mis amigos y amigas, yo tengo un padre y una madre, los demás tienen dos madres o dos padres, entonces, yo soy el raro.
Siempre escuché cuchichear a mis profesores sobre que yo no era normal, incluso, citaban a mis padres y al llegar, los miraban raro. Para mi siempre fue normal tener mamá y papá, para los demás, no. Decían que yo iba a salir igual de hétero que ellos, y a esos comentarios les seguían más caras de disgusto.
Ahora ya soy adulto y puedo contar un poco mi historia, nací en el 2260, como ya dije, tengo una madre y un padre que siempre me trataron con normalidad e intentaron que disfrute igual que todos los demás.
De chico sabía que me tenían que gustar los varones, entonces, de adolescente, tuve un par de novios, pero todas esas relaciones terminaron muy mal, siempre algún defecto les encontraba. Hasta que me enamoré de ella.
Lucía era una piba muy copada, se notaba que iba en contra de todo lo que imponía la sociedad, se notaba también que tal vez yo le interesaba, o eso pensaba yo. Nunca me había llegado el rumor de que Lucía esté con una mujer o algo por el estilo, entonces supuse que, a pesar de que ella tenía dos padres, era como yo, ella era hétero. La diferencia entre Lucía y yo era que a ella le daba lo mismo lo que comentaban los demás, en cambio, a mi me daba un poco de miedo que, tras que me rompían las bolas con mis viejos, también me jodan por mi condición. Y bueno, uno no elije de quién enamorarse.
Entonces empecé a frecuentar los mismos lugares que ella, iba a los mismos boliches aunque a mi no me gustaba salir. Hasta que un día me decidí a hablarle, después de tantos cruces de miradas y sonrisas, si, le hablé.
- ¿Qué onda Lu? ¿Todo bien? – Le pregunte con amabilidad mientras le acercaba un trago.
- Si, bien. ¿Vos? ¿Te conozco? – Contestó y me tiró al suelo todas las esperanzas que tenía. ¡Yo creí que me conocía! ¿Por qué sonreía tanto entonces cuando volteaba para verme?
Seguimos hablando un rato largo, le dije que seguro no me conocía pero que no iba con malas intenciones, solo quería una amiga, y no sé que otras sartas de boludeces le dije para no quedar más fracasado de lo que ya había quedado. Al final, organizamos para ir al parque algún día, y ese día llegó. 
Nos encontramos en Parque Saavedra a eso de las cinco de la tarde, la idea era tomar algo y charlar. Nos gustaba la misma música y leíamos los mismos libros, ¡había tanta conexión! 
Luego de un tiempo de juntarnos, ir al cine, salir a cenar, y millones de planes que hacíamos. Me animé a decirle lo que sentía. Yo, hombre, le estaba declarando mi amor a una mujer. ¿Qué dirían sus padres si se enteraran? El raro que tenía mamá y papá ahora se enamoraba de Lucía, la mina por la que las demás se volvían locas. Le dije que me gustaba, más que como una amiga, y que sabía que estaba mal, que no era normal, pero que suponía que ella sentía más o menos lo mismo. 
- Te entiendo, pero estás re confundido, chabón. No quiero que mis viejos me internen en un loquero por tu culpa. Ya me dicen que sos un sapo de otro pozo, imagínate si les caigo de la mano con vos ¡Se mueren! – Me dijo, totalmente convencida de que lo que había hecho estaba mal. Debía sacármela de la cabeza.
Desde ese día no la volví a ver. En realidad si, pero no como la veía antes. Solo la cruzaba y ya no sonreía, ni siquiera me saludaba a la pasada. Realmente me rechazaba por completo. Me maldecía de ser tan tarado. Al fin alguien me daba la oportunidad de no sentirme tan raro, al fin saludaban a mis padres sin hacer caras raras, y yo flashé enamoramiento ¡Con una mina! Sabiendo que eso me iba a costar muchas más miradas de asco.
Años después cuando casi se me olvidaba la figura de Lucía, ya ni me interesaba pensar en ella, andaría por ahí con alguna otra mujer y sus padres orgullosos de que sea otra persona normal del montón. Yo decidí dejar de ser la oveja negra de todos lados a donde vaya y me casé con un hombre que conocí en un bar. Una relación linda, llevable, me gustaba convivir con él.
Y un día la volví a cruzar. Entre un montón de miradas raras y gestos de asco, me recordó cuando era chico y caminaba de la mano con mamá y papá. Ahí estaba, Lucía, embarazada y ¡De un hombre! Creo que notó mi cara de asombro al verla, y se acercó hacia mi. 
- ¿No era que…? – Le dije y me interrumpió de golpe.
- Si, era. Pero ahora ya no. ¡Si vos sabías que yo era diferente! Pasa que bueno, éramos chicos, no quería lidiar con todo ese problema. Crecí y me di cuenta que no podía negarme, y revolucioné a todo el mundo, desde mi familia hasta mis profesores en la universidad. 
Me quedé enmudecido. Se me cruzaron mil cosas por la cabeza. Entonces, la abracé, admiré su valor de no esconderse ante los demás, de saber muy bien lo que quería. Y me fui. 
Yo seguí siendo el mismo, casado, ya con hijos y todo el mundo contento de que yo no era tan anormal como mis viejos. Lucía vaya a saber qué fue de su vida, solo sé que causó en las demás personas un aire de liberación, y que desde que ella se reveló en el pueblo, ahora varios han tomado la misma postura y se hacen ver.

Cuento futurista
de Priscila Umpierre
en Revista "Capaces"
para Comprensión y Producción de Textos 1

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